Revista semanal electrónica.
El rincón de las
artes.
Bienvenidos
una vez más chavos a la segunda sección de nuestra revista electrónica semanal,
“el rincón de las artes”, donde todos ustedes podrán subir entradas, las cuales
contendrán sus particpaciones artísticas, desde poesía, oratoria,
pintura,dibujo, incluso canto y actuación, todos estos contenidos serán vistos
y comentados por sus compañeros. ¿ Cuál es la finalidad?, simplemente la
recreación y la diversión por medio de la expresión artística.
Así
que, adelante muchachos y bienvenidos sean, no me iré de esta entrada sin antes
dejar algo para ustedes,
Juventud
Autor: Rubén Dario.
Juventud,
divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
Plural
ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.
Miraba
como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo
era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud,
divino tesoro
¡ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
La
otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.
Pues
a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En
sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño
falto de luz, falto de fe...
Juventud,
divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Otra
juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón
poniendo
en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad:
y
de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud,
divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
¡y a veces lloro sin querer!
¡Y
las demás!, en tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretexto de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.
En
vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas
a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud,
divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Mas
es mía el Alba de oro!
Espero con ahínco su colaboración.
Atte
Docente del áre de ciencias naturales
José Ernesto Pimentel.