Convivir con la naturaleza (foto de Jaime Cristóbal López)
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viernes, 26 de octubre de 2012


¿Por qué el miedo hace que veamos más grandes las cosas que nos asustan?

Si sabías que el miedo hace que veamos las cosas más grandes de lo que son en realidad, tal vez te preguntes: “¿Por qué?

¿A que le tienes miedo? ¿Te asustan las arañas? ¿O algún insecto o reptil? Y es que cuanto más miedo le tenemos a algún animal parece que más cerca está de nosotros. De modo que el miedo puede distorsionar nuestra percepción sobre los objetos que se aproximan.

Así al sentir cerca algún objeto sentimos más cerca el peligro mortal, según explican los investigadores de la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, y la Universidad de Londres.
La revista Current Biology muestra los resultados de que las emociones y la percepción está sutilmente entrelazadas en la mente.
“Estamos mostrando que el obejto afecta la forma en que vemos lo que se acerca. Si tenemos miedo a algo, vemos que más pronto estará cercas de nosotros”.
“El miedo puede alterar incluso los aspectos básicos de la forma en que percibimos el mundo que nos rodea”, informaron los investigadores Stella Emory Lourenco y Matthew Longo de Londres.
Los investigadores señalan que no se está del todo claro si el miedo a cierto objeto hace que el objeto parezca viajar más rápido, o si ese miedo hace que el espectador expanda su sentido del espacio personal.
Lo que sí es un hecho es que cuanto más miedo se le tiene a algún objeto más grande se ve. ¿Que te parece?

LA ENSEÑANZA Y LA COMPETENCIA DIDÁCTICA

La competencia de los profesores

Michel Saint-onge

La competencia puede definirse como la capacidad reconocida a una persona, o a un grupo de personas, para realizar tareas especificas relativas a una función determinada. De esta manera, se puede afirmar que la situación de la enseñanza seguirá siendo difícil mientras la competencia de los que enseñan no sea reconocida. Este reconocimiento es importante porque se traduce en derecho: el derecho a ejercitar de forma libre la actividad profesional correspondiente, a prohibir el ejercicio de esta actividad a toda persona sin conocimientos y aptitudes necesarios para si práctica eficaz, a juzgar la aptitud de las personas deseosas de ejercitar esta profesión, a hablar con solvencia en el ámbito de su competencia y, por último, a determinar las condiciones de eficacia de las acciones que se han de realizar. El reconocimiento de la competencia del cuerpo docente no puede producirse sin definir con claridad la responsabilidad específica asumida o, dicho de otra manera, la función de la enseñanza, las tareas exigidas para esa función y el papel de cada una de ellas, y los resultados que se obtienen con las diversas intervenciones. Cualquier cosa que se enseñe siempre se enseña para que los alumnos aprendan (Thyne, 1974). Por lo tanto enseñar debería entenderse como ayudar a aprender.
La función de enseñar.
Según Myron Lieberman (1956), la enseñanza debería adquirir ocho características esenciales antes de poder ser reconocida como una “verdadera” profesión liberal. La primera de estas características es la de “prestar a la sociedad un servicio fundamental y bien definido.
El conocimiento y la aptitud para pensar son hoy grandes preocupaciones, y es de prever que traerán cambios mayores a nivel educativo. Y ya se está presionando para que la enseñanza responda a esas expectativas. La educación, decía Neil Postman (1981), es “la respuesta de una cultura a las cuestiones de una época concreta”. La problemática actual está centrada en la ciencia y en su aplicación tecnológica. La enseñanza por eso, por eso, debería mostrarse como el servicio esencial al desarrollo de las ciencias. Sin embargo, la relación entre enseñanza y desarrollo científico o de la inteligencia no está explícitamente establecida.
Según Resnick (1981), hemos asentado como principios, en primer lugar, que los factores biológicos explican fundamentalmente la conducta humana y, en segundo lugar, que los factores individuales antes que los sociales marcan las diferencias de la gente.
Pretender que los alumnos puedan aprender sin los profesores , aun contando con todos los medios necesarios. La interacción entre alumnos y profesores es determinante. En una síntesis de investigación sobre la enseñanza colectiva (no individualizada o mediatizada), Barak V. Rosenshine (1986) ha subrayado siete funciones de la enseñanza:
-Evocar conocimientos anteriores relacionados con aprendizaje futuros.
-Determinar y explicar los objetivos de aprendizaje.
-Presentar los nuevos elementos de conocimientos para los alumnos.
-Organizar y supervisar los ejercicios de aplicación.
-Proponer ejercicios autónomos (trabajos, estudio).
La enseñanza desempeña también un papel educativo: dirige el desarrollo haciendo que se adquieran nuevas capacidades intelectuales. Hay , sin embargo, un papel del que carecen las otras actividades educativas: dirigir la reconstrucción, en los alumnos , de las capacidades ligadas al saber en una variedad de disciplina. Esta es la función que hay que reconocerle.
La relación pedagógica.
Dado que la enseñanza es una actividad dirigida por una intención (hacer aprender las cosas necesarias), necesita, al menos, una preparación, la relación con los alumnos y una evaluación de los resultados. Actualmente se está constatando que las tareas vinculadas a la enseñanza desbordan el marco de la clase.
Al definir la enseñanza como una transmisión de los conocimientos personales y no como un servicio que se hace a una persona mediante una relación organizada con vistas a facilitarle el adquirir capacidades nuevas, se saca esta actividad fuera del mundo del trabajo. Goerge Bernard Shaw decía: “Quien es capaz de hacer algo, lo hace: quien no lo es, lo enseña”.
Para que haya enseñanza, es necesario que fundamentalmente existan tres elementos: un alumno, una materia y alguien que enseñe. Esta “relación tríadica” es la que constituye lo esencial de la enseñanza.
La relación pedagógica se establece mediante tres relaciones diferentes, pero en interacción. En primer lugar, se establece una relación peculiar entre los que enseñan y la materia que se enseña: es la didáctica. En segundo lugar, se crea una relación interactiva entre los profesores y el alumno; es la relación de enseñanza propiamente dicha, la relación de mediación. Y, por último, debe constituir una relación directa del alumno con la materia o con los conocimientos que se han de adquirir; es la relación de estudio.
La relación didáctica.
La relación didáctica engendra un proceso de reorganización de los conocimientos con fines pedagógicos. La profesora o el profesor se interroga acerca para construir los conocimientos pertinentes
La relación de mediación.
En el curso de la interacción que se produce entre profesor y alumno se encuentran las actividades que apuntan a los procesos intelectuales de pensamiento o de razonamiento.
Hyman (1974) divide las actividades de los que enseñan en dos categorías: las operaciones lógicas, que tienen como objetivo la activación de los procesos mentales, y las operaciones estratégicas, destinadas a influir en la marcha del aprendizaje del alumno y a concluir las actividades intelectuales.
La enseñanza es además una interacción cognitiva entre alguien que enseña y los alumnos.
La relación de estudio.
La actividad de enseñar puede catalogarse dentro de un modelo sistemático de tareas como el propuesto por Jackson (1968). Este autor sugiere agrupar las diversas tareas que realizan los profesores alrededor de tres grandes periodos: una fase de preparación o fase preactiva, una fase de activación de la relación pedagógica o fase interactiva, y una fase de verificación de resultados, de corrección del método empleado, o fase postactiva.
Durante la fase preactiva, los que enseñan deben planificar su actividad y preparar los instrumentos que van a necesitar para llevarla a cabo.
Durante la fase interactiva, los que enseñan deben concluir el proceso de enseñanza en clase.
Por último, en el transcurso de la fase postactiva, los que enseñan evalúan los resultados del proceso y los tienen en cuenta para rectificar su nueva preparación. Sin embargo, esto exige que desarrollen las habilidades necesarias para hacer una evaluación de calidad.
Las tareas propias de la fase preactiva.
En la fase preactiva hay que idear, planificar y organizar la creación de las diferentes relaciones. La primera labor consiste en idear el método de enseñanza, es decir, elaborar las estrategias didácticas (la secuencia de los contenidos), de mediación (las actividades de clase) y de estudio (trabajos autónomos).
Las tareas propias de la fase interactiva.
Sintetizando las ideas expuestas en muchas investigaciones sobre la interacción maestro-alumno en el contexto de una enseñanza formal dispensada por profesores experimentados. Rosenshine (1986) ha reunido las actividades ordinariamente emprendidas en seis funciones: revisión, presentación de nuevas materias, ejercicio dirigido, “feed-back” y corrección, ejercicio autónomo y síntesis periódica. Los profesores deben enfocar la atención de los alumnos a lo que van a aprendes.


ESCUELA PRIMARIA UN DESAFIO CONTINUO
ARTURO PORTO TRUJILLO

Intentar describir lo que acontece en un plantel escolar nos lleva, necesariamente, a reflexionar acerca de múltiples acontecimientos que por cotidianos se vuelven difusos (a veces, incluso, desconocidos) y que por lo mismo no son objeto de análisis al interior del mismo. Por ejemplo, sabemos que los maestros tienen como función dar clase y entonces dan clase y ya. Sin embargo, cuando recreamos y pensamos en lo que sucede en el aula, nos damos cuenta que existen elementos de reflexión que nos obligan a superar la superficialidad de aceptar las cosas como están porque así han sido y así deber ser.

Para Guillermo Volkind, el espacio escolar representa una búsqueda permanente hacia la construcción de "Una propuesta de trabajo en la que se pueda proponer, probar, pensar, recrear, parar, seguir, fallar".1 Lo importante no son los resultados inmediatos, sino construir condiciones escolares que permitan a la comunidad involucrarse en acciones que le hagan sentir a la escuela como algo suyo, siendo, quizás, este elemento el principal detonador de las potencialidades de Alumnos, Maestros, Padres de Familia y de la Dirección escolar misma.

Guillermo Volkind describe a qué retos se enfrentó como Director de una Escuela en Buenos Aires y cómo fue construyendo un proyecto de Escuela alternativa, aclarando que, como todo proceso, no es algo acabado, sino en constante transformación y búsqueda. Menciona que se inicia como Director partiendo de un esquema referencial que contempla los siguientes aspectos:2

  • Valorar, analizar, cuestionar, indagar la tarea docente.
  • Vincular la teoría a la práctica. El docente también realiza un proceso de aprendizaje. Aprender con otros, en grupo. El docente forma parte del grupo, no es el centro del mismo. Los contenidos de conocimiento están vinculados con la metodología. Tomar la realidad como punto de partida.
  • Estos elementos deben ser considerados en el momento de diseñar un proyecto de trabajo, mismo que debe ser resultado de un proceso de análisis colectivo y no imposición de una persona (el Director), pues "Esto generaba mayor compromiso y si bien no todos se sentían identificados, un amplio sector docente reconocía en la propuesta anual alguna parte suya"3


En cuanto al personal docente, sabemos que no es posible, ni deseable la homogenización, en tanto que la diversidad permite apoyar y enriquecer puntos de vista complementarios ante una misma situación: El reconocerse como parte de un equipo de trabajo que comparte, incluso, experiencias que van más allá del terreno laboral, es importante ya que brinda la posibilidad de intercambiar opiniones en un ambiente de tolerancia y aceptación. Un espacio que podría ser aprovechado para la integración del equipo, es el que tenemos para la realización de juntas de Consejo Técnico, el cual debiera servir para el análisis, la reflexión y el intercambio de experiencias, que hagan sentirse al maestro como parte del proyecto de trabajo, más que como instrumento de ejecución de órdenes: "Esta forma de trabajo onvolucraba al Maestro en totalidad, pensaba, criticaba, observaba, valorizaba la práctica, la experiencia... se sentía parte aunque lo que descubriera no fuera original".4

Puede darse el caso de que una misma dinámica de participación y compromiso de los maestros frente al proyecto de escuela se de a partir de ellos mismos, sin embargo, el (la) Director (a) juega un papel importante en al medida en que es quien tiene posibilidad de coordinar el trabajo a partir de lo que la comunidad va generando, en el caso de Volkind G. menciona que el equipo directivo se fue consolidando a partir de ir dando respuesta a los diversis retos a que se enfrentaba; por ejemplo, se crea la figura de Vicedirectora y la de Coordinador para cada una de las áreas trabajadas; además, coincidieron en la idea de que "la integración era imprescindible"5, en el sentido de que lo que aprendían en las diversas áreas era importante para el resto de las mismas.

En nuestras escuela, aceptamos que los alumnos son importantes y que debemos planear y trabajar en función de sus intereses; sin embargo, este principio pedagógico no significa (en la mayoría de los casos) más que un recurso enunciativo sin que, necesariamente, alcancemos a comprender la magnitud y alcance de lo que eso supone, ya que en primera instancia, implica dejar el lugar protagónico del Maestro para transferirlo a los Alumnos, así como procurar estrategias para cada alumno que resuelvan las problemáticas encontradas. En este caso es muy importante privilegiar el trabajo en equipos que "Pretendía incorporar actitudes solidarias y cooperativas en el aprendizaje escolar. Los alumnos podían ayudar y enseñar a un compañero sin que esto fuera sentido por el docente como una transgresión.

domingo, 21 de octubre de 2012

Características de los niños y las niñas de Educación Primaria



Características de los niños y las niñas de Educación Primaria
LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE PRIMER GRADO
El ingreso a primaria significa para los niños y las niñas una difícil transición entre las experiencias lúdicas del ámbito familiar y las exigencias formales de un sistema escolarizado, un tanto ajeno a sus experiencias anteriores.
Las niñas y los niños de seis años perciben el mundo de forma indiferenciada. Pueden describir hechos sin distinguir las partes de una secuencia temporal. Es durante el primer grado cuando comienzan a descomponer en partes a un todo y a identificar relaciones entre dichas partes.

Como resultado de ello podemos decir que las niñas y los niños de primer grado:
·         Son subjetivos.
·         No saben aún diferenciar entre lo propio y lo ajeno y hacen prevalecer sus razones por sobre las de los demás.
·         Sus opiniones son poco objetivas.
·         Actúan impulsivamente porque todavía no se han familiarizado con las normas escolares y las de convivencia social.
·         Les resultan difíciles las actividades grupales: no dialogan, antes bien, monologan.
·         Su mundo es mítico. Las plantas, animales y objetos inanimados, poseen para ellos vida propia y actúan caprichosamente contra el intento humano de comprenderlos racionalmente.
·         La imaginación y la intuición son sus mecanismos de razonamiento. Viven en la fantasía e ignoran la historia social de la cual son protagonistas inconscientes.
Para ayudarlos a asumir su paso al sistema escolar, debe mostrárseles las relaciones espacio-temporales naturales: antes, después, ahora, arriba, abajo, izquierda, derecha. También hay que apoyarlos para que distingan lo esencial de lo accidental.
Sin complacencias, debe tratárseles siempre con afecto. Hay que escucharlos, que sepan escuchar y enseñarles a ser pacientes. Debe mantenérseles siempre activos para que no renuncien a su mundo de acciones concretas, y para que, simultáneamente, acepten las abstracciones y formalidades.
Los niños y las niñas no son adultos pequeños. Son niños y no podemos exigirles que actúen como adultos. Su forma de percibir el mundo es muy diferente a la del adulto.

LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE SEGUNDO GRADO
Entre la informalidad de las relaciones familiares y la formalidad de las escolares, los niños y las niñas de segundo grado han dado pasos importantes hacia su apreciación objetiva del mundo.
Estos infantes han comenzado a adquirir conciencia de los límites impuestos por la propia realidad.
·         En su conducta, se manifiestan los siguientes cambios:
·         Saben ya descifrar la escritura y han sobrevivido un año de adaptación a un medio escolar que les era ajeno.
·         Se reconocen diferentes de los otros, aunque todavía les falte mucho para comenzar a construirse a sí mismos en los otros. Estos cambios socioafectivos y cognitivos son paralelos a cambios corporales importantes.
·         Los niños y niñas de siete años comienzan a mudar su dentición y a aumentar su talla y su peso. Tales variaciones, para ellos incomprensibles, les producen incomodidad, pero tienen el efecto de concentrar su interés en los cambios que suceden no sólo en sus cuerpos sino también en los ocurridos en otros cuerpos.
·         Se intensifica así, su curiosidad investigadora y comienzan a preguntarse acerca de las causas lógicas de los fenómenos.
·         Les interesa el desarrollo de la anatomía y se hacen, más o menos conscientes, una pregunta clave: "¿de dónde provengo?". Su interés por los procesos de concepción y embarazo aumenta conforme son más drásticos los cambios en su propio cuerpo.
Es éste el momento de aprovechar su afán investigador y su deseo de contacto con el mundo para estimular el abandono de la timidez o de la prepotencia, de la indiferencia y de las conductas subjetivas que inhiben la socialización. Es ahora cuando debe fomentarse en él la práctica de la lectura para que puedan entrar en contacto por sí mismos, en la medida de sus capacidades, con las grandes realizaciones de la cultura humana y las actitudes de tolerancia y solidaridad que deben dirigir la vida de toda persona.
LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE TERCER GRADO
·         Ya saben leer, se expresan con cierta fluidez y distinguen los seres vivos de los no vivos, además de diferenciar los objetos naturales de los creados por el hombre.
·         No obstante, sus dudas respecto del yo interno, opuesto al externo, son más urgentes: comienzan a mirar objetivamente al mundo pero desconocen el interior de su propio cuerpo.
·         Tienen ideas difusas acerca de lo ocurrido en el pasado y de lo que puede proyectarse hacia el futuro. No son capaces todavía de poner sus experiencias al servicio de proyectos futuros.
·         Comienzan a ser solidarios. Hacen suyas las alegrías ajenas y saben que pueden consolar las penurias de otros. Sin embargo, sus amistades son todavía inestables, por lo que continúan buscando y conociendo.
·         Antes se portaban bien por obediencia o por temor; ahora empiezan a reconocer el sentido de lo correcto por la validez de normas de las que incluso dudan en la mayor parte de las ocasiones.
·         Se han vuelto más receptivos y desenvueltos, lo cual los lleva a participar en grupos con más frecuencia.
Llega así el momento en que se les puede solicitar mayor cooperación de su parte en la escuela y en el hogar.
Deben reconocerse en la participación grupal, saber que sus opiniones no son las únicas válidas y por ello, percatarse de que sus compañeros y familiares pueden aportar una gran riqueza a su vida.
Por eso, en este grado, comienza el estudio sistemático de la historia, aunque todavía informalmente. Es ahora cuando debe enseñarse a los niños y a las niñas, que la historia no depende de su voluntad o de la de unas cuantas personas, sino de la participación de todos los miembros de la sociedad.
El respeto hacia las opiniones de los niños y las niñas, estimulará sin duda el desarrollo de juicios críticos propios, si no independientes del todo de la subjetividad, sí basados en parte, en procedimientos lógicos de razonamiento.
Estos niños y niñas que pronto dejarán de mudar dientes, son los que quieren conocer el mundo. Disponen ya de facultades en ciernes para conocerlo objetiva y racionalmente.

LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE CUARTO GRADO
Las niñas y los niños de cuarto grado no se contentan ahora con apreciaciones globales o con puntos de vista únicos. Han aprendido que un problema puede tener distintas soluciones, o que es posible apreciar un mismo asunto de acuerdo con diversos puntos de vista, que no son absolutas sino variables según sean las circunstancias.
Se pueden observar las siguientes peculiaridades en la conducta de estos infantes:
·         Son leales a su grupo, intentan respetar las reglas pero se deprimen cuando se pone en evidencia sus errores.
·         Las relaciones espacio-temporales, que tanto trabajo costaba identificar a niños y niñas de grados anteriores, para los de cuarto grado, han dejado de ser un misterio.
·         Su horizonte se ha vuelto amplio: saben distinguir el pasado del presente y también pueden ubicar secciones espaciales dentro de representaciones de espacios mayores.
·         La madurez relativa de su pensamiento lógico es congruente con su capacidad de expresión verbal.
·         Les gusta percibirlo todo concretamente pero son capaces de establecer deducciones abstractas a partir de hechos concretos.
·         Aún no han dejado de ser impulsivos, capaces de mirar ahora, desde fuera de sí y sus propios juicios son fácilmente influenciables por criterios ajenos.
·         Están listos para aprender sistemáticamente las premisas fundamentales del razonamiento científico.
·         Han descubierto la riqueza de los argumentos y la flexibilidad de la lengua. Es éste el mejor momento para despertar su interés por la literatura, las matemáticas y el estudio de la naturaleza.
Los niños y las niñas de cuarto grado, están pasando por una etapa de transición, ya no se sienten pequeños pero tampoco son adolescentes, ya demandan de los adultos respeto a sus opiniones y derecho a participar e influir en las decisiones que afectan las relaciones familiares.
Les inquietan la vida, la muerte y el dolor. Se desconciertan ante problemas irresolubles, aunque ya son capaces de proponer soluciones diversas para los conflictos que sí pueden resolverse, sobre todo para aquellos que exigen su cooperación en grupo.
LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE QUINTO GRADO
Los niños y las niñas de quinto grado atraviesan por la difícil etapa de la preadolescencia, que se caracteriza por:
·         El ensayo, el error, la rebeldía, el afán de liderazgo, la necesidad de autonomía y simultáneamente la de formar parte de grupos
·         La búsqueda de relaciones sólidas y el interés por sus complementos de sexo opuesto al suyo.
·         Inflexibilidad al hacer valer sus convicciones éticas: después de todo, la información de valores humanos flexibles suele tener como antecedente la práctica firme de valores ya hechos.
·         Transformaciones intensas en sus cuerpos que se manifiestan en inseguridad, asombro y deseos de conocer la razón de tales cambios.
·         Repentinos cambios de ánimo, en los que se alternan los estados de euforia y los depresivos.
En el trato cotidiano con estos infantes, es conveniente no subrayar las diferencias entre niños y niñas antes bien, se debe propiciar que realicen actividades conjuntas y que en el reconocimiento del otro sexo sean capaces de reconocerse a sí mismos. Tampoco deben parecer extraños los eventuales "enamoramientos" que pudieran suscitarse entre integrantes del grupo.
Las intervenciones espontáneas de niñas y niños, aun cuando no se les pida parecer, no deben percibirse como capricho inoportuno. Los niños y niñas necesitan ansiosamente construirse a sí mismos, afirmarse y ser capaces de mirar al mundo de acuerdo con puntos de vista convincentes y racionales.
Nada se gana con coartar lo que inevitablemente tiene que suceder. Puede, eso sí, encauzársele fructíferamente. Puede ayudarse a estos niños y niñas a resolver problemas con sus propios recursos y enseñarles el rigor del razonamiento matemático junto con la multiplicidad semántica de la lengua y la igualmente riqueza del mundo social y natural. El arte, la ciencia, la vida y la sociedad los reclaman.
De esta riqueza habrán de surgir los líderes responsables que la escuela, la sociedad y la propia vida exigen.

LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DE SEXTO GRADO
El punto álgido de la pubertad de niños y niñas de este grado coincide con su inminente salida de la educación primaria. Los cambios institucionales y los psicobiológicos se conjuntan para confundirlos. En su conducta pueden apreciarse los siguientes cambios:
·         Su indiferencia ante el sexo opuesto sólo es una máscara de la curiosidad y del cariño que íntimamente desean dar y recibir. Son pequeños para establecer un noviazgo, pero están aptos para ensayar sus primeras experiencias , aunque todavía les falte un largo trecho mental y emocional por recorrer.
·         Las niñas y niños de sexto grado se acercan y se aíslan alternativamente de sus iguales en edad y más de los adultos.
·         Pueden tomar decisiones por sí mismos pero dependen de las reglas del mundo adulto. De ahí sus actitudes contradictorias. Quieren comprender el mundo y no solamente en líneas generales.
·         Exigen explicaciones de causa y efecto e inventan modelos para explicarse objetivamente la vida. Es posible que muchos de sus modelos no sean correctos, pero pueden permitirse el lujo de equivocarse sin que los efectos de sus acciones pesen tanto como resulta con las equivocaciones de los adultos.
·         Sus valores éticos, que ellos creen firmes, son todavía fluctuantes. No obstante, estos niños y niñas quieren ensayar muchos lenguajes, no sólo los verbales sino también los extraverbales.
·         Son curiosos e inquietos, comienzan a poseer una voluntad propia, a modelarse a sí mismos, son sensibles a los estímulos naturales y sociales del entorno. El maestro o la maestra de sexto grado debe formar a estos niñas y niños en el rigor científico con el que deberán acostumbrarse a ver el mundo, en la comunicación por medio de ejemplos concretos de valores firmes y universales, con abundantes estÍmulos hacia la asunción de la responsabilidad que tenemos los seres humanos de construir un mundo mejor.

Características clave de las escuelas efectivas


Texto recuperado de: Sammons, P., Hillman, J., y Mortimore, P. (1998).
Características clave de las escuelas efectivas. México : Secretaría de Educación Pública.
Pam Sammons
Josh Hilman
Peter Mortimore
CARACTERISTICAS CLAVE DE LAS ESCUELAS EFECTIVAS
En esta sección describimos algunos factores clave de efectividad identificados en nuestra revisión. Estos factores no deben considerarse como independientes uno de otro, por lo cual destacamos varios vínculos entre ellos que pueden ayudar a comprender mejor los posibles mecanismos de efectividad. Aunque nuestra lista no pretende ser exhaustiva, proporciona un resumen de la evidencia de investigación relevante que esperamos funcione como un antecedente útil para quienes están relacionados en la promoción de la efectividad y el mejoramiento escolar, así como los procesos de autoevaluación y revisión de escuelas.
Once factores para las escuelas efectivas
1. Liderazgo profesional:
a) Firme y dirigido.
b) Enfoque participativo
c) Profesionistas sobresalientes
2. Visión y objetivos compartidos:
a) Unidad de propósito
b) Consistencia en la práctica
c) Colaboración y trabajo colegiado
3. Ambiente de aprendizaje:
a) Atmósfera ordenada
b) Ambiente de trabajo atractivo
4. Le enseñanza y el aprendizaje como centro de la actividad escolar:
a) Optimización del tiempo de aprendizaje
b) Énfasis académico
c) Enfoque en el aprovechamiento
5. Enseñanza con propósito:
a) Organización eficiente
b) Claridad de propósitos
c) Práctica adaptable
6. Expectativas elevadas:
a) Expectativas globales elevadas
b) Comunicación de expectativas
c) Desafío intelectual
7. Reforzamiento Positivo:
a) Disciplina clara y justa
b) Retroalimentación
8. Seguimiento de avances
a) Seguimiento de desempeño del alumno
b) Evaluación del funcionamiento de la escuela
9. Derechos y responsabilidades de los Alumnos
a) Elevar la autoestima del alumno
b) Posiciones de responsabilidad
c) Control del trabajo.
10. Colaboración hogar – escuela
a) Participación de los padres en el aprendizaje de sus hijos
11. Una organización para el aprendizaje
a) Formación y actualización del personal académico basadas en la escuela.
1. Liderazgo profesional
Casi todos los estudios sobre efectividad escolar han demostrado que el liderazgo, tanto en primaria como en secundaria, es un factor clave. Gray (1990) argumenta que “la importancia del liderazgo de la dirección es uno de los mensajes más claros que no ofrece la investigación sobre efectividad escolar”. Señala el hecho de que no ha surgido evidencia alguna de escuelas efectivas con liderazgo débil en las revisiones de las investigaciones sobre efectividad. Las reseñas de Purkey y Smith (1983) y del Departamento de Educación de los Estados Unidos de América | United States Department of Education (1987)| concluyen que el liderazgo es necesario para iniciar y mantener el mejoramiento de la escuela.
Sin embargo, la importancia del papel del liderazgo del director o directores, más que el de otros miembros del cuerpo académico tales como jefes de departamento, puede ser sensible al contexto, en particular a patrones de organización escolar. [1] Así el liderazgo de los directores es una marcada característica de la investigación británica[2] y americana[3], no obstante, aspectos específicos como un liderazgo asertivo por parte de los directores y la verificación de calidad, no se han considerado de importancia en países como Holanda.[4] Hallinger y Leithwood (1994) han argumentado que se requiere mayor investigación comparativa en esta área.
El liderazgo no se relaciona simplemente con la calidad de los líderes individuales aunque esto sea, por supuesto, importante. También resulta fundamental el papel que juegan los líderes, su estilo gerencial, su relación con la visión, valores y metas de la escuela, y su manera de abordar el cambio.
Al revisar la literatura sobre investigación como un todo, parecería que los diferentes estilos de liderazgo pueden asociarse a las escuelas efectivas y se ha resaltado una amplia gama de los aspectos del papel de los líderes en las escuelas. Como concluyeron Bossert et al (1982), “ningún estilo simple de dirección parece ser apropiado para todas las escuelas... los directores deben encontrar el estilo y las estructuras más adecuados a su propia situación local” (p. 38). Sin embargo, una revisión de la literatura revela que se han encontrado con frecuencia tres características asociadas con el liderazgo exitoso. Éstas son: fuerza en los propósitos; involucrar al cuerpo académico en la toma de decisiones; y, autoridad profesional en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.
a) Firme y dirigido.
El liderazgo efectivo es por lo general firme y con propósito. Aunque algunos estudios de caso han mostrado ejemplos aislados de escuelas donde el liderazgo central lo representa otro individuo, la mayoría ha demostrado que el director (a) es el agente clave que contribuye al cambio de muchos de los factores que afectan la efectividad escolar. [5]
Las investigaciones muestran que los líderes excepcionales tienden a ser dinámicos. Por ejemplo, la efectividad se intensifica por “un estilo enérgico de selección y reemplazo de maestros”[6], aunque la investigación en Louisiana[7] enfatizó que esto sucede principalmente en los primeros años del periodo de un director o directora durante una campaña de mejoramiento. Una vez que se constituye un equipo de maestros capaz de trabajar hacia la efectividad, la estabilidad tiende a recuperarse en las escuelas secundarias efectivas. Sammons et al (1994c) reportan resultados internos donde sugieren que en las escuelas efectivas los jefes consideran prioritario el reclutamiento y también señalan la importancia del consenso y la unidad de propósitos entre el equipo de funcionarios de mayor rango y antigüedad dentro de la escuela.
Otro aspecto del liderazgo firme es la intercesión, la habilidad de mediar o amortiguar los agentes de cambio negativos, de desafiar y hasta violar lineamientos externos.[8] La autonomía creciente de las escuelas en años recientes ha reducido la necesidad de este tipo de actividad, pero ha incrementado el margen para otro factor del liderazgo efectivo cuya importancia se ha demostrado en algunos estudios, como es el éxito para obtener recursos adicionales. Esto puede lograrse mediante donativos o contribuciones de empresas o de la comunidad local.[9]
Una serie de estudios ha hecho hincapié en el papel clave del liderazgo para iniciar y mantener el proceso de mejoramiento de la escuela. [10] Mejorar muchos de los factores de la efectividad escolar o hacer cambios fundamentales puede requerir apoyo de agencias externas, tales como autoridades locales de educación, universidades o asesores, [11] y los líderes que triunfen establecerán y se mantendrán en contacto regular con estas redes.[12] Sin embargo, el mensaje de los programas de mejoramiento escolar, sintetizado exhaustivamente por Fullan (1991), consiste en que el cambio efectivo proviene del interior de la escuela.
Mientras que algunos estudios de caso han señalado las largas horas que trabajan los directores con efectividad,[13] el efecto de este factor es difícil de determinar: solamente es efectivo cuando va acompañado de otros factores. Puede fluctuar ampliamente durante periodos cortos de tiempo, y es casi imposible separar su efecto directo sobre el mejoramiento de su papel como medio para edificar una visión compartida y como una señal de carácter distintivo del resto de los maestros.
b) Enfoque participativo.
Una segunda característica de los directores efectivos es la de compartir la responsabilidad es de liderazgo con otros miembros del equipo de funcionario de alto rango y la de involucrar de manera más general a los maestros en la toma de decisiones. Moritmore et al. (1988ª), en su estudio sobres escuelas primarias, mencionaron la participación del subdirector en decisiones sobre políticas, la de los maestros en la dirección y planeación del currículo, la consulta con los maestros sobre los gastos y otras decisiones de políticas, todos como correlativos de efectividad escolar. Esto va unido a otra característica importante de una escuela: el grado en el cual su cultura es colaborativa (ver el factor 2. Visión y objetivos compartidos).
En las escuelas primarias y secundarias más grandes puede haber aún mayor necesidad de delegar algunas de las responsabilidades de liderazgo. Smith y Tomlinson (1989) en su estudio de las escuelas secundarias enfatizaron la importancia de liderazgo y dirección en los jefes de departamento.
Un hallazgo surgido de las investigaciones recientes mostró importantes diferencias en efectividad departamental dentro de las escuelas.[14] En estudios de caso de escuelas en Irlanda del Norte, Caul (1994) resaltó tanto la necesidad de liderazgo claro como la de delegar autoridad. Su estudio señaló la importancia de buenos directores intermedios en la escuela a nivel de jefe de departamento. La investigación en Holanda también ha señalado la importancia del nivel departamental en las escuelas secundarias.[15]
Resumiendo estas dos primeras características, el liderazgo efectivo requiere claridad, evitar tanto la autocracia como la excesiva democracia para trabajar, juzgar cuidadosamente cuándo tomar una decisión autónoma y cuándo involucrar a otros, y reconocer la eficacia del papel del liderazgo en diferentes niveles de la escuela. Dicho liderazgo también es importante para el desarrollo y mantenimiento de un propósito escolar común y un clima de objetivos compartidos. (ver la discusión en el factor 2. Visión y objetivos compartidos.)
c) Profesional sobresaliente.
En la mayoría de los casos un director efectivo no es simplemente el administrador o director de mayor antigüedad, sino que en cierto sentido es un profesional sobresaliente. Esto implica que se involucra y conoce lo que sucede en el aula, incluyendo el currículo, estrategias de enseñanza y seguimiento del progreso de los alumnos. [16] En la práctica esto implica proveer de varios tipos de apoyo a los maestros, incluyendo tanto estímulos como asistencia práctica.[17] También implica que el director debe proyectar un perfil de altura por medio de acciones tales como desplazarse frecuentemente por la escuela, visitas a las aulas y conversaciones informales con los maestros. [18] Asimismo se requiere evaluar la forma en que funcionan los maestros, que Scheerens (1992) describe como “uno de los pilares del liderazgo educacional”.
Por supuesto, este tipo de aproximación por sí misma tiene poco efecto sobre la efectividad y sólo cuando se conjuga con otros factores que se han mencionado, tales como énfasis en la enseñanza y aprendizaje, así como inspecciones regulares en la escuela, puede tener un efecto poderoso. Es un hecho que cada uno de los 11 factores clave que hemos identificado tiene implicaciones para los líderes efectivos. Esto surge de la revisión minuciosa de la literatura que hace Murphy (1989) con relación al liderazgo instruccional. Es probable que la influencia de los directores en los niveles de desempeño y avance de los estudiantes opere más en forma indirecta que directa, al influir en la cultura de la escuela ay del persona, actitudes y comportamiento que, a su vez, afectan las prácticas en el aula y la calidad de la enseñanza y el aprendizaje.
2. Visión y objetivos compartidos
La investigación ha demostrado que las escuelas son más efectivas cuando el personal construye un consenso sobre los objetivos y valores de la escuela y los pone en práctica mediante las formas sólidas de colaboración en el trabajo y la toma de decisiones. Por ejemplo, la revisión de Lee, Byrk y Smith (1993) de la literatura sobre organización de escuelas secundarias efectivas resalta la importancia de tener un sentido de comunidad: “Elementos de la comunidad tales como trabajo cooperativo, comunicación efectiva, y metas compartidas, dan sido identificados como cruciales para todo tipo de organizaciones exitosas, no solamente las escuelas” (p.227). Otros han llegado a conclusiones similares respecto a escuelas primarias. [19] Mientras que el grado en que esto es posible está parcialmente en manos del director (ver el factor 1. Liderazgo profesional), también depende de las características más amplias de las escuelas, pues éstas no están, necesariamente, determinadas por individuos particulares.
a) Unidad de propósito.
La mayoría de los estudios de organizaciones efectivas enfatiza sobre la importancia de tener una visión compartida para elevar las aspiraciones de la escuela y fomentar un propósito común. Esto es particularmente importante en escuelas que han sido puestas a prueba para lograr objetivos difíciles, mismos que frecuentemente se contraponen, y que por lo general tienen una enorme presión exterior. [20] Tanto la investigación sobre efectividad escolar como las evaluaciones de programas de mejoramiento de escuelas, muestran que el consenso sobre valores y metas de la escuela se encuentra asociado a mejores resultados educacionales.[21] Rutter et al (1979) enfatizaron que el ambiente de una escuela “recibirá gran influencia en la medida que funcione como un todo coherente" y encontraron que la presencia de un conjunto de valores compartidos en la escuela era conducente tanto a un buen estado de ánimo como a una enseñanza efectiva. De manera similar, Edmonds (1979) enfatizó la importancia de políticas generales para toda la escuela y un acuerdo sobre las metas entre los maestros. La unidad en los propósitos, particularmente cuando se combina con una actitud positiva hacia el aprendizaje y hacia los alumnos, es un mecanismo poderoso para una escolaridad efectiva. [22] Cohen (1983) también ha resaltado la necesidad de objetivos instruccionales claros, públicos y con consenso.
En su discusión sobre la relativamente mayor efectividad de las escuelas católicas para fomentar los resultados académicos y sociales de los alumnos (por ejemplo, bajo nivel de deserción) en el contexto de Estados Unidos de América, Lee, Byrk y Smith (1993) hacen notar la importancia de fuertes normas institucionales y creencias compartidas que producen una “filosofía educacional que esté bien alineada con objetivos de equidad social” (p. 230-321). En Irlanda del Norte, (1994) también ha concluido que las escuelas más efectivas comparten metas comunes, incluyendo un compromiso con la calidad en todos los aspectos de la v9d escolar, así como claras prioridades organizacionales.
b) Consistencia en la práctica.
Relacionado con la idea de consenso entre el cuerpo académico, se encuentra el grado en el que los maestros tienen un acercamiento consistente a su trabajo y se adhieren a un enfoque común sobre asuntos como la evaluación y la puesta en vigor de reglas y políticas con referencias a premiso y sanciones (ver comentarios sobres los factores 7. Reforzamiento positivo y 8. Seguimiento de los avances). Desde luego, la consistencia en la práctica de toda escuela será mucho más viable en un contexto reforzado por una unidad de propósitos, como se expresa arriba. El trabajo de Cohen (1983) concluye que la necesidad de que el currículo y los programas instruccionales estén interrelacionados, especialmente en las escuelas primarias, sugieren que en las escuelas más efectivas, las normas predominantes que otorgan autonomía considerable a los maestros individuales tienen menos peso que las metas compartidas por un personal profesional.
Mortimore et al. (1988a) encontraron que en las escuelas donde los maestros adoptaron una práctica consistente con respecto a las pautas par el uso del currículo escolar, había un efecto positivo en el adelanto de los alumnos. Glenn (1981) obtuvo resultados similares. Rutter et al (1979) se concentraron especialmente en actitudes consistentes en relación con la disciplina, y demostraron que es más posible que los alumnos mantengan principios y pautas de comportamiento cuando entienden que las normas de disciplina se basan en “ expectativas generales establecidas por la escuela”, más que en el capricho de un maestro. Los autores también resaltaron la importancia de que los maestros realicen el papel de modelos positivos para el estudiante (en su relación con los alumnos y los demás maestros), así como en su actitud hacia la escuela. En su estudio de escuelas secundarias en Gales, Reynolds (1976) también señaló la importancia de evitar un enfoque rígido y coercitivo con respecto a la disciplina.
c) Colaboración y trabajo colegiado.
El trabajo colegiado y la colaboración son condiciones importantes para la unidad de propósitos.[23] Como se vio en la sección sobre liderazgo, las escuelas efectivas tienden a recibir participación constante del personal con relación al funcionamiento de la escuela. Por ejemplo, Rutter et al (1979) encontraron que los alumnos lograban mayor éxito en escuelas con un proceso de toma de decisiones en el que las opiniones de los maestros estaban representadas y eran consideradas con seriedad. En primaria, Mortimore et al (1988ª) también hicieron notar la importancia de que los maestros se involucre en la toma de decisiones y la elaboración de pautas escolares, creando un sentido de “propiedad”. Sin embargo, dicha participación representa sólo un aspecto del trabajo colegiado. Hasta cierto punto, la contribución al aprovechamiento llega a través de un fuerte sentido de comunidad entre el personal y los alumnos, fomentado por relaciones recíprocas de apoyo y respeto.[24] Esto también es resultado de que los maestros compartan ideas, observándose y reotroalimentándose mutuamente, aprendiendo unos de otros y trabajando juntos para mejorar el programa de enseñanza.[25]
3. Ambiente de aprendizaje
El ethos de una escuela está determinado en parte por la visión, los valores, los objetivos de los maestros, la forma en que trabajan juntos y por el clima en que se desempeñan los alumnos: el ambiente de aprendizaje. Las características particulares que resultan de lo anterior, parecen traducirse en un ambiente ordenado y un medio de trabajo atractivo.
a) Atmósfera ordenada
Es más probable que las escuelas con éxito sean lugares tranquilos en vez de sitios caóticos. Muchos estudios han subrayado la importancia de mantener un clima ordenado y orientado el trabajo.[26] Mortimore et al (1988ª) también señalaron que estimular el autocontrol entre los alumnos puede funcionar como un ethos positivo en el aula, y además explicaron las desventajas de niveles altos de ruido y movimiento para lograr la concentración de los alumnos. Lo que la investigación en general demuestra no es que las escuelas se vuelvan más efectivas al volverse más ordenadas, sino que un medio ordenado es un requisito previo para que ocurra un aprendizaje efectivo. Creemers (1984) cita la investigación del holandés Schweitzer (1984), quien llegó a la conclusión de que un ambiente ordenado dirigido a la estimulación del aprendizaje estaba relacionado con los logros académicos de los alumnos. La forma más efectiva de estimular el orden y dirección entre los alumnos es reforzar buenas prácticas de aprendizaje y comportamiento (ver factor 7. Reforzamiento positivo)
b) Ambiente de trabajo atractivo
La investigación sobre efectividad escolar sugiere que el medio físico de una escuela también puede afectar tanto las actitudes como el rendimiento de los alumnos. Rutter et al (1979) encontraron que mantener una escuela en buen estado producía normas más altas de desempeño académico y comportamiento. [27] Rutter (1983) sugirió dos explicaciones para esto: las condiciones de trabajo atractivas y estimulantes tienden a mejorar el ánimo, mientras que los edificios abandonados tienden a estimular el vandalismo. A nivel primaria, Moritmore et al (1988ª) también señalaron la importancia de crear un ambiente físico placentero, que incluya la exhibición del trabajo de los niños.
4. La enseñanza y el aprendizaje como centro de la actividad escolar
Los propósitos básicos de las escuelas son la enseñanza y el aprendizaje. Éstas parecerían ser actividades obvias en una escuela efectiva, pero la investigación sugiere que las escuelas difieren enormemente en el grado en que se concentran en su propósito primario. Cohen (1983) hizo notar que la efectividad de la escuela es evidentemente interdependiente de la enseñanza efectiva en el aula. Conclusiones similares sobre la importancia de la enseñanza y el aprendizaje a nivel del aula son evidentes en los artículos de Scheerens (1992), Mortimore (1993) y Creemers (1994). Diversos estudios han demostrado correlaciones entre el enfoque en la enseñanza y el aprendizaje y en la efectividad del maestro y la escuela. En algunos casos este enfoque se ha definido cuantificando el uso que hacen de su tiempo de medición de la atención que presta la escuela al proceso específico de aprendizaje o con base en el rendimiento. Es fundamental para las escuelas y los maestros centrar la atención tanto en la calidad domo en la cantidad de la enseñanza y el aprendizaje que se llevan a cabo.
a) Optimización del tiempo de aprendizaje
Algunos estudios han examinado el uso del tiempo en las escuelas y han demostrado una correlación positiva entre el uso eficiente de medidas de tiempo de aprendizaje y los resultados y el comportamiento de los alumnos. Las medidas de estos lapsos incluyen:
· Proporción del día que se dedica a materias académicas [28] o a materias académicas específicas[29]
· Proporción de tiempo dedicado alecciones dedicadas al aprendizaje [30] o a la interacción con los alumnos[31],
· Proporción de tiempo que el maestro pasa discutiendo con los alumnos el contendido del tema a trabajar, en contraste con asuntos rutinarios y el mantenimiento de la actividad de trabajo; [32]
· Interés de los maestros por objetivos cognitivos, en contraste con metas de relaciones personales y objetivos afectivos; [33]
· Puntualidad en las clases;[34]
· Ausencia de interrupciones provenientes del exterior del aula.[35]
En conjunto, todas las medidas apuntan a la necesidad de que los maestros manejen la transición de actividades activa y eficientemente. Se ha visto que cada uno de estos factores tiene une relación positiva sobre la efectividad escolar. Loes investigadores que han combinado estas variables para formar una sola medida de instrucción o de tiempo de aprendizaje académico, [36] o aquellos que han revisado esta literatura en su totalidad, [37] también han demostrado una evidente repercusión de la optimización del tiempo de aprendizaje sobre la efectividad.
Por supuesto, el estudio sobre las medidas de tiempo de enseñanza ofrece sólo una visión “en bruto”, sin detalle, sobre el aprendizaje. Como advirtió Carroll (1989), “no es el tiempo como tal lo que cuenta, sino lo que sucede durante ese tiempo” (p.27). No obstante, el tiempo de aprendizaje académico y el empleado en la realización de tareas, siguen siendo factores clave para pronosticar el aprovechamiento.
En una reciente revisión de la literatura británica sobre procesos de enseñanza y aprendizaje, Sammons et al. (1984d) llamaron la atención sobre los hallazgos relativos a la enseñanza de una sola materia y el manejo del tiempo de enseñanza y aprendizaje: “los maestros pueden tener grandes dificultades para manejar con éxito el aprendizaje de los niños en sesiones donde se trabaja en diferentes campos del currículum de manera continua. En particular, en investigaciones realizadas a nivel de la escuela primaria se han reportado bajos niveles de comunicación maestro-alumno con relación al trabajo, más interacciones administrativas rutinarias, y niveles inferiores de participación de los alumnos en el trabajo” (p.52)
b) Énfasis académico
Una serie de estudios, incluyendo algunos mencionados arriba, han demostrado que las escuelas efectivas se caracterizan por diversos aspectos del énfasis académico: Por la opinión de maestros y alumnos, [38] por altos niveles de trabajo de los alumnos en el aula,[39] por la asignación regular y calificación de tareas para la casa, [40] y por la verificación, por parte del personal de mayor rango, de que esto se está llevando a cabo. Las investigaciones [41] han señalado la importancia tanto de la cantidad como de la calidad (lo apropiado) de la tarea asignada para la casa, así como la necesidad de que el maestro retroalimente a los alumnos.
Numerosos estudios sobre escuelas primarias han encontrado también que las escuelas excepcionalmente efectivas tienden a enfatizar el “dominio del contenido académico” como un aspecto importante de sus programas de enseñanza[42]. En Irlanda del Norte, el trabajo de Caul (1994) ha destacado la importancia del acceso universal al GCSE y el énfasis que se da en las escuelas efectivas a los niveles académicos. Smith y Tomlinson (1989) también han señalado las políticas de acceso a los exámenes de admisión como una característica clave de efectividad en las escuelas secundarias. Sammons et al (1994c) reportaron que el énfasis académico (incluyendo asignación regular y seguimiento de tareas para la casa) y la alta proporción de acceso al examen de admisión GCSE parecen ser características de las escuelas secundarias con una mayor efectividad académica.
Un factor importante que influye en el énfasis académico se relaciona con los conocimientos que tengan los maestros de las asignaturas. Por ejemplo, Bennett et al (1994) han demostrado claramente que a nivel de primaria los maestros tienen un conocimiento con frecuencia limitado de los contenidos de las asignaturas, particularmente en áreas como la ciencia. Uno conocimiento adecuado se consideró como un requisito previo necesario (aunque por si mismo no es suficiente) para la enseñanza y el aprendizaje efectivos. En estudios de caso que contrastan escuelas secundarias altamente efectivas con las altamente no efectivas, Sammons et al (1993c) reportaron que las escuelas no efectivas habían estado sujetas a frecuentes cambios de maestros y a escasez de personal académico en asignaturas especializadas, situación que se consideró como una barrera para la efectividad.
También es importante la cobertura del programa. Por ejemplo, Bennett (1992) demostró amplias variaciones en cobertura del programa, tanto para alumnos de la misma clase como en escuelas diferentes. De igual manera, el trabajo de Tizard et al (1988) en preescolar mostró gran diferencia entre escuelas y clases sociales, en lo que respecta a lo que se les enseñó a niños de la misma edad, asunto que no puede explicarse por las divergencias en matrícula. Estos investigadores insistieron en la importancia de la cobertura del programa: “está claro que los logros y el adelanto dependen de manera crucial de que a los niños se les hayan dado las experiencias de aprendizaje específicas o no”. (p.172)
c) Enfoque en el aprovechamiento
Algunos investigadores han examinado, como una medida del énfasis académico, el grado en que una escuela se concentra en el aprovechamiento de los alumnos. Por ejemplo, algunos estudios de caso en escuelas primarias americanas al igual que algunos artículos, han mostrado que el poner énfasis en la obtención de habilidades básicas, es decir, un “enfoque basado en el aprovechamiento” influye positivamente sobre la efectividad escolar.[43] El problema de resaltar este tipo de factor es que las medidas de los resultados tienden a estar, al menos en parte, basadas en pruebas sobre estas habilidades para escuelas primarias o en los resultados de los exámenes de aprovechamiento en el caso de las escuelas secundarias, convirtiendo a los factores asociados con este enfoque en profecías autocumplidas. Esto es particularmente cierto al examinar los resultados relacionados con el nivel de una clase, pero es menos problemático cuando se analiza el efecto de un compromiso compartido por toda la escuela con este tipo de enfoque.
De modo que mientras un enfoque hacia la enseñanza y el aprendizaje es el elemento central de una escuela efectiva, los investigadores han hecho acercamientos desde diferentes ángulos. Un intento interesante de consolidar este trabajo es el de Scheerens (1992), quien al revisar un amplio rango de publicaciones internacionales sobre efectividad escolar, concluyó que el tiempo de aprendizaje efectivo es uno de los tres factores únicos para los cuales existe “confirmación para la múltiple investigación empírica”. Consideró cuatro aspectos relevantes: tiempo institucional dedicado al aprendizaje (duración del día/semana/año escolar), cantidad de tarea, tiempo efectivo de aprendizaje bajo supervisión institucional, y tiempo de aprendizaje para las diferentes materias. Si bien esta tipología tal vez no capta en su totalidad la esencia del “enfoque sobre la enseñanza y el aprendizaje”, proporciona un marco de referencia útil para precisar factores cuantificables indicativos de manifestaciones prácticas.
5. Enseñanza con propósito
De las investigaciones se desprende claramente que la calidad de la enseñanza es un elemento central en la escolaridad efectiva. Desde luego, esta está determinado en parte por la calidad de los maestros de la escuela y, como hemos visto, la contratación y reemplazo de maestros juega un papel importante en el liderazgo efectivo. Sin embargo, los maestros de alta calidad no siempre actúan conforme al total de su potencial, y los estilos y estrategias de enseñanza son factores importantes relacionados al progreso de los alumnos. Mientras que el aprendizaje es un proceso interno y “no sujeto a observación directa”, la enseñanza es una actividad pública y, por tanto, es más fácil de describir y evaluar (Mortimore, 1993), aunque Levine y Lezotte (1990) han señalado diversos problemas para llegar a conclusiones generalizadas sobre prácticas efectivas de enseñanza. Al examinar los hallazgos de investigaciones sobre las prácticas de enseñanza en escuelas efectivas, el factor sobresaliente que surge es lo que llamamos enseñanza con propósito. Esto tiene una serie de elementos como: organización eficiente, claridad de propósito, lecciones estructuradas y práctica adaptable.
a) Organización eficiente.
Diversos estudios han demostrado la importancia de que los maestros sean organizados y que tengan sus objetivos absolutamente claros. Por ejemplo, Everston et al (1980) encontraron efectos positivos sobre el aprovechamiento cuando los maestros consideran la “eficacia y un espacio interno de control”, y cuando organizan sus aulas y se involucran activamente en la planeación cotidiana.
Rutter et al (1979) hicieron notar los efectos benéficos de preparar las clases con anticipación, y Rutter (1983) posteriormente señaló que cuanto mayor sea el tiempo que un maestro emplee organizando una lección después de que ésta ha empezado, más probabilidades habrá de que se pierda la atención de los alumnos, con el doble riesgo inherente de la pérdida de oportunidad de aprendizaje y del mal comportamiento del grupo. Diversos estudios y artículos han enfatizado la importancia del ritmo adecuado de las lecciones para asegurar que los objetivos originales se logren.[44]
b) Claridad de propósitos
Las síntesis de la investigación sobre escuelas efectivas resaltan la importancia de que los alumnos estén siempre conscientes del propósito del contenido de las lecciones.[45] En resumen, la investigación muestra que el aprendizaje efectivo ocurre cuando los maestros explican claramente los objetivos de la lección desde su inicio, y se refieren a ellos durante ésta para mantener el enfoque. Estos objetivos deben ser relacionados a estudios previos y a elementos relevantes a nivel personal para los alumnos. La información de la lección debe estar estructurada de tal manera que empiece con un repaso general y señale la transición al nuevo tema. Las ideas principales de la lección deben ser repasadas al final.
c) Lecciones estructuradas
Una reseña de Rosenshine y Stevens (1981) resaltó la importancia de la enseñanza estructurada y con propósitos para promover el progreso de los estudiantes. La reseña de NREL (1990) hizo hincapié en las técnicas efectivas de cuestionamiento, donde las preguntas se estructuran con el fin de llamar la atención de los alumnos en los elementos clave de las lecciones. Stallings (1975) comentó la mejoría en resultados a través de métodos sistémicos de enseñanza con preguntas abiertas, y respuestas de los alumnos seguidas de retroalimentación del maestro. Mortimore et al (1988ª), en su estudio sobre educación secundaria, confirmaron hallazgos previos de Galton y Simon (1980) acerca de los efectos positivos sobre el progreso de los alumnos, cuando los maestros dedican más tiempo a hacer preguntas y a la comunicación relativa al trabajo. También encontraron que los resultados positivos están asociados con la organización eficiente del trabajo en el aula, donde los alumnos tienen suficiente trabajo, un enfoque limitado a las sesiones, y un marco referencial bien definido dentro del cual les fomente cierto grado de independencia y responsabilidad para manejar su propio trabajo. Evidentemente, para grupos de mayor edad, es adecuado enfatizar la independencia y la responsabilidad.
En un resumen de la investigación sobre maestros efectivos, Joyce y Showers (1988) concluyeron que los maestros más efectivos:
· enseñan al grupo como un todo;
· presentan información o habilidades clara y animadamente;
· mantienen las sesiones de enseñanza orientadas a la actividad:
· no mantienen una actitud de evaluación constante, más bien propician un proceso de instrucción relajado;
· tienen altas expectativas para el aprovechamiento (asignan más tarea, dan un ritmo más rápido a las lecciones, propician que los alumnos estén alertas);
· se relacionan relajadamente con los estudiantes y en consecuencia, tienen menos problemas de mal comportamiento por parte de los alumnos.
En su análisis de la información internacional de investigación sobre escuelas efectivas, Scheerens (1992) resaltó la “ enseñanza estructurada” como uno de los tres factores que ha demostrado convincentemente que promueve la efectividad. Su definición de la enseñanza estructural difiere ligeramente de la de otros investigadores, pero vale la pena observar algunos ejemplos:
· aclarar lo que debe ser aprendido;
· dividir el material de enseñanza en unidades manejables para los alumnos y presentarlas en una secuencia bien estudiada;
· abundante material de práctica donde los alumnos utilicen “corazonadas” y estímulos.;
· evaluar regularmente el avance con retroalimentación inmediata de los resultados.
Scheerens acepta que este modelo de enseñanza estructurada es más aplicable en escuelas primarias, particularmente en asignaturas que implican un “conocimiento que pueda reproducirse”. Sin embargo, él sugiere que una forma de enseñanza estructurada, modificada y menos prescriptiva puede tener efecto positivo par el aprendizaje de procesos cognitivos más elevados en las escuelas secundarias, y cita varios estudios para confirmarlo. [46] Gray (1993) no está convencido de que este factor sea apropiado después de los primeros años de escolaridad y sugiere cautela, dado que muchas de las primeras investigaciones sobre efectividad escolar se hicieron en escuelas de zonas marginadas, en las que se daba un peso mayor a la enseñanza de habilidades básicas.
d) Práctica adaptable
Aunque la investigación sobre efectividad escolar presenta diversos factores correlacionados consistentemente a mejores resultados, también muestra que la aplicación de materiales y procedimientos requeridos en el programa con frecuencia no mejoran.
El progreso de los alumnos es evidente cuando los maestros son sensibles a las diferencias en el estilo de aprendizaje de los alumnos, y cuando identifican y utilizan estrategias adecuadas.[47]
Es necesario entonces, que los maestros revisen sus creencias o valores, así como su comportamiento, para asegurarse de que eso suceda.[48] También debe destacarse que elevar las expectativas es un proceso que debe incrementarse y que el éxito demostrado juega un papel crítico. [49] Reforzar el éxito por medio del reconocimiento es una oportunidad clave para comunicar altas expectativas (ver el factor 7. Reforzamiento positivo)
e) Desafío intelectual.
Una causa común del bajo aprovechamiento de los alumnos es la incapacidad de estimularlos. Por otro lado, cuando las escuelas ponen altas expectativas en sus alumnos procuran proporcionarles a todos ellos, siempre que sea posible, lecciones que los desafíen intelectualmente en todas sus clases. Varios estudios han demostrado que este enfoque está asociado a una mayor efectividad.
Una investigación británica aportó importantes hallazgos que ayudan a explicar los procesos a través de los cuales las expectativas producen efecto. Tizard et al (1988), en un estudio a nivel preescolar en el interior de Londres, encontraron que las expectativas de los maestros puestas tanto en alumnos individuales como en grupos completos tenían una gran influencia sobre el contenido de las lecciones, lo cual, en gran parte, explicaba las diferencias en el programa entre clases con matrícula similar. Estas expectativas no estaban influidas solamente por consideraciones académicas, sino también por el grado en el cual era “un placer enseñar a un niño o a un grupo”. El resultado fue que los diferentes niveles de expectativas puestas en los alumnos se tradujeron en diferentes requerimientos para su trabajo y desempeño.
Mortimore et al (1988ª), en su estudio sobre los primeros años de la escuela primaria, encontraron que en grupos donde los alumnos eran estimulados y desafiados, el adelanto era mayor. Mencionaron especialmente la importancia de que los maestros usaran más preguntas y afirmaciones, estimulando a los alumnos a “usar su imaginación creativa y su poder para resolver problemas”. Levine y Stark (1981) también enfatizaron la importancia del desarrollo de la habilidad cognitiva de orden más elevado, en escuelas primarias efectivas, mencionando en particular la comprensión de lectura y la resolución de problemas matemáticos. Levine y Lezotte (1990) y NREL (1990), citaron una gran cantidad de estudios con resultados similares.
7. Reforzamiento positivo
El reforzamiento, ya sea en términos de patrones de disciplina o de retroalimentación a los alumnos, es un elemento importante de la escolaridad efectiva.[50] Walberg (1984), en una importante reseña de estudios de métodos de enseñanza, encontró que el reforzamiento era el factor más poderoso de todos. Como se verá, la investigación sobre efectividad escolar ha tendido a demostrar que no todas las formas de refuerzo tienen un efecto positivo. Los premios, otros incentivos positivos y la existencia de reglas claras están más asociados con la probabilidad de mejores resultados que el castigo.
a) Disciplina clara y justa
La buena disciplina es una condición importante para un clima de orden (ver nota de traducción sobre Ethos en la página 34), pero ésta se obtiene con mejores resultados a partir de la “pertenencia y participación” a través de “reglas y control externo”.[51] Por ejemplo, el uso demasiado frecuente del castigo puede crear una atmósfera tensa y negativa, con efectos contraproducentes en la asistencia y el comportamiento.[52] En efecto, numerosos estudios han encontrado que los castigos formales no son efectivos o tienen efectos adversos.[53]
Éstos y otros estudios demuestran que la disciplina efectiva implica mantener buen orden, imponer consistentemente reglas justas, claras y bien entendidas, así como la utilización excepcional del castigo.[54]
b) Retroalimentación
La retroalimentación hacia los alumnos puede ser inmediata (en forma de elogio o reprimenda) o pospuesta hasta cierto punto (en forma de premios, incentivos y recompensas). Dos amplias revisiones de las investigaciones sobre escuelas efectivas mostraron que el reconocimiento público a nivel de toda la escuela del éxito académico y de otros aspectos de comportamiento positivo contribuyen a la efectividad. [55] El estudio británico de escuelas secundarias efectuado por Rutter et al, (1979) mostró que la retroalimentación directa y positiva, como el elogio y la aprobación, tenía una asociación positiva con el comportamiento del alumno, pero los premios al trabajo inciden poco en el resultado. Los investigadores postularon tres explicaciones para el mayor efecto del elogio: afecta a más alumnos; el que no se retrase permite un enlace más definitivo con los incentivos; y es más probable que incremente las recompensas intrínsecas de aquellos que se está reforzando.
Mortimore et al, (1988), obtuvieron resultados similares para escuelas primarias, demostrando que el elogio y definitivamente la retroalimentación neutral eran más efectivo que “depender del control a través de la crítica”. Debe tenerse en cuenta que la NREL (1990), en la síntesis de la literatura sobre el tema, señaló que la investigación muestra que el elogio y otros refuerzos deberían proporcionarse por las respuestas correctas y el progreso relacionados con el desempeñó anterior, pero que su uso debe ser parco y no debe ser inmerecido o aleatorio. Numerosos estudios han mostrado también que las recompensas y los elogios no tienen que relacionarse necesariamente sólo a resultados académicos, sino que pueden aplicarse a otros aspectos de la vida escolar, teles como la asistencia y el civismo.[56] La revisión que hicieron Brophy y Good (1986) del comportamiento de los maestros y desempeño de los alumnos proporciona una serie de guías para el elogio efectivo. Entre otros aspectos , dichos autores enfatizan la necesidad de que el elogio sea específico, eventual, espontáneo y ariado, y que se utilicen los logros previos del alumno como contexto para describir el desempeño actual y atribuir el éxito al esfuerzo y a la habilidad.
8. Seguimiento de los avances
Mecanismos bien establecidos para evaluar el funcionamiento y adelanto de los alumnos, de los grupos y de la escuela en general, así como de los programas de mejoramiento, son características importantes de muchas escuelas efectivas. Estos procedimientos pueden ser formales o informales, pero de cualquier manera contribuyen a centrar la atención en la enseñanza y el aprendizaje y con frecuencia participan en la elevación de las expectativas y en un refuerzo positivo. Parece ser que el hecho de que un director se involucre activamente en el seguimiento del aprovechamiento y adelanto de los alumnos produce beneficios específicos.
a) Seguimiento del desempeño del alumno
Un seguimiento frecuente y sistemático de los avances de los alumnos y los grupos, en sí mismo tiene poco efecto en el rendimiento, pero se ha demostrado que es un ingrediente importante del trabajo de una escuela efectiva.[57] Primero, es un mecanismo para determinar en qué grado se están alcanzando las metas de la escuela; segundo, enfoca la atención del personal, alumnos y padres de familia hacia esas metas; tercero, proporciona información para la planeación, métodos de enseñanza y evaluación; cuarto, transmite un mensaje claro a los alumnos de que los maestros están interesados en sus progresos.
Éste último punto se relaciona con la retroalimentación de los maestros a los alumnos que se discute en el factor 7. Reforzamiento Positivo
Levine y Lezotte (1990) indicaron que el seguimiento del avance estudiantil fue citado con frecuencia como un factor en la investigación sobre escuelas efectivas, pero argumentan que ha habido poco consenso para definir el término o proporcionar guías de cómo ejercerlo. También se refirieron a varios estudios que han demostrado que algunas escuelas desperdician tiempo o dirigen equivocadamente la enseñanza por medio de prácticas de seguimiento demasiado frecuentes. En su lista de correlativos de la escuelas efectivas usaron la frase “seguimiento adecuado”, en vista de la necesidad de más investigación sobre la forma y la frecuencia de su uso.
Un amplio estudio británico sobre escuelas primarias[58] se concentró en una forma bien establecida para dar seguimiento al desempeño de los alumnos. Estos investigadores examinaron el sistema de registro de datos de los maestros como una manera de seguimiento continuo de los puntos fuertes y débiles de los alumnos, combinando los resultados de evaluación objetiva con la evaluación basada en el criterio del maestro sobre sus alumnos. En muchas escuelas efectivas estos registros se relacionan no solamente con las habilidades académicas, sino con el desarrollo personal y social de los estudiantes. Los investigadores encontraron que el utilizar el sistema de registros es una característica importante de las escuelas efectivas.
b) Evaluación del funcionamiento de la escuela
La investigación también demuestra que dar seguimiento al adelanto de los alumnos a nivel de toda la escuela es un factor importante. Al hablar de liderazgo mencionamos la importancia de que el director se involucre activamente y conozca muy bien el funcionamiento de la escuela, por ejemplo, visitando las aulas. Sobre una base más formal, la revisión de Murphy (1989) sobre estudios de líderes efectivos demostró que éstos practican una gama de procedimientos de seguimiento, comunican su interpretación a los maestros a manera de retroalimentación e integran estos procedimientos con la evaluación y el establecimiento de metas.
Scheerens (1992) planteó que una evaluación adecuada es un “requisito previo esencial para tomar medidas que resalten la efectividad a todos los niveles”. Evaluar los programas de mejoramiento de las escuelas es particularmente importante. Por ejemplo, Lezotte (1989) enfatizó la importancia del uso de medidas de aprovechamiento de los alumnos como base para la evaluación de programas; en efecto éste fue uno de los cinco factores que él propuso para la efectividad escolar.
Podría concluirse que la retroalimentación, así como la información obtenida del seguimiento y la evaluación, al ser incorporada de forma sistemática a los procedimientos de toma de decisiones de la escuela, asegura que la información sea utilizada de manera activa. Dicha información necesita relacionarse con la formación y actualización del personal. (ver el factor 11. Una organización para el aprendizaje).
9. Derechos y responsabilidades de los alumnos
Un hallazgo común en la investigación sobre escuelas efectivas es que pueden obtenerse avances sustanciales en efectividad cuando se eleva la autoestima de los alumnos, cuando ésos tienen un papel activo en la vida de la escuela y cuando se les otorga una parte de a responsabilidad sobre su aprendizaje.
a) Evaluar la autoestima del alumno
Los niveles de autoestima son afectados de manera significativa por el trato dado por los demás y son un factor principal para determinar el rendimiento.[59] En el caso de la autoestima del alumno, las actitudes de los maestros son expresadas de diversas maneras: la forma en que se comunican con los alumnos; el grado en que se les concede respeto y éstos se sienten comprendidos; y los esfuerzos que los maestros hacen para responder a las necesidades personales de cada estudiante. Trisman et al, (1976) encontraron que la relación armónica estudiante – maestro tiene una influencia benéfica sobre los resultados, y otros estudios han demostrado que una relación positiva maestro – alumno es una dimensión unida al éxito. [60] Mortimore et al, (1988) encontraron efectos positivos cuando los maestros comunicaban entusiasmo a los alumnos, y cuando les demostraban atención individual.
Se le puede dar énfasis a las relaciones maestro – alumno fuera del aula. Los estudios británicos en escuelas secundarias han encontrado que cuando había actividades fuera de la escuela compartidas por maestros y alumnos,[61] y cuando los alumnos sentían que podían consultar a los maestros sobre problemas personales, [62] se daban efectos positivos en los resultados.
b) Posiciones de responsabilidad
Los estudios británicos han demostrado los efectos positivos tanto en el comportamiento de los alumnos como en el éxito de los exámenes, a través de darle a una alta proporción de estudiantes posiciones de responsabilidad en el sistema escolar. Esto les transmite confianza en sus habilidades y establece normas de comportamiento maduro.[63]
c) Control del trabajo.
Algunos estudios han demostrado que cuando los alumnos responden bien al dárseles mayor control sobre lo que les sucede en la escuela, mejoran una serie de resultados, aun a nivel de primaria.[64] Un estudio británico sobre escuelas primarias demostró que se producen efectos positivos cuando se estimula a los alumnos para manejar su trabajo con independencia del maestro durante periodos cortos de tiempo, como puede ser una clase o una tarde.[65]
10. Colaboración hogar – escuela.
Por lo general, la investigación muestra que la relación de apoyo y cooperación entre el hogar y la escuela tiene efectos positivos. Coleman et al (1973) llaman nuestra particular atención hacia los beneficios de las escuelas que propician que los padres se involucren en el aprendizaje de sus hijos. Es difícil responder a la pregunta de si mayores niveles de participación de los padres producen cambios, ya que puede significar una multitud de cosas en diferentes contextos y probablemente existirían marcadas diferencias entre escuelas primarias y secundarias en lo que respecta a la naturaleza de la participación de los padres. Todavía no ha habido alguna investigación sobre la relación entre el nivel de responsabilidad de las escuelas hacia los padres en el Reino Unido (incrementado bajo las provisiones de la Reforma a la Ley de Educación, 1988) y su efectividad.
a) Participación de los padres en el aprendizaje de sus hijos.
Las formas especiales en que las escuelas fomentan las buenas relaciones hogar – escuela y alientan la participación de los padres en el aprendizaje de sus hijos son afectadas por la edad de los alumnos, y probablemente se identificarán diferencias marcadas entre las escuelas primarias y secundarias.
El estudio de Mortimore et al, (1988ª) en escuelas de enseñanza media encontró beneficios positivos cuando los padres ayudaban en el aula y en excursiones de la escuela, en la que regularmente había juntas sobre los avances de sus hijos, donde había un salón para los padres, y el director mantenía una política de “puertas abiertas”. Curiosamente encontraron un efecto negativo de las asociaciones de padres y maestros, y sugirieron que este tipo de participación, más formalizada, no era suficiente en sí misma para engendrar la participación de los padres y, en algunos casos, podía presentar barreras para aquellos que no estuvieran dentro de la “camarilla”.
Tizard et al, demostraron que cuando los padres se involucraban en la lectura, el efecto era mayor que teniendo un maestro adicional en el aula. Epstein (1987), Weinberger et al, (1990) y Topping (1992) han llamado la atención sobre el valor de la participación de los padres en proyectos de lectura en escuelas primarias.
Armor et al, (1976) mostraron que la presencia de los padres en el espacio escolar y su participación en comités, actos cívicos y otras actividades, tenía efectos positivos en el rendimiento. Por otro lado, Brookover y Lezotte (1979) no encontraron bases para una relación entre participación de los padres y efectividad.
El trabajo más reciente de Coleman et al, (1993, 1994) y Coleman (1994), ha llamado la atención sobre la importancia de actitudes positivas y de apoyo por parte de maestros, estudiantes y padres de familia para el desarrollo de la responsabilidad del alumnos hacia el aprendizaje.
Con frecuencia, el involucramiento de los padres tiene una gran correlación con factores socioeconómicos, y el temor de que hacerla resaltar como un factor importante pudiera, de manera injusta, transmitirles responsabilidad de la efectividad escolar a los padres, explica en parte por qué algunos investigadores han evitado definirla o medirla. Sin embargo, los estudios arriba mencionados establecieron grupos control para la matrícula socioeconómica. Es interesante el que al menos un estudio ha demostrado que la participación de los padres puede ser más efectiva en escuelas que matriculan más alumnos o de clase trabajadora.[66]
Los resultados intermedios de Sammons et al, (1994c) indican que entre los maestros de escuelas secundarias menos efectivas había una tendencia a considerar la falta de interés de los padres como un factor principal que contribuía al bajo rendimiento, mientras que en escuelas secundarias más efectivas con una población escolar de extracción similar había percepciones más favorables del interés de los padres y relaciones más atractivas con ellos.
Los mecanismos por medio de los cuales el involucramiento de los padres influye sobre la efectividad escolar no están totalmente claros. Se podría especular que cuando padres y maestros tienen objetivos y expectativas similar para lo menores, el apoyo combinado al proceso de aprendizaje puede ser una fuerza poderosa de mejoramiento.[67] Los padres que están involucrados pueden expandir el tiempo activo de aprendizaje de los estudiantes (por ejemplo, trabajar con los alumnos, especialmente tratándose de niños más pequeños, o supervisándoles la tarea) y en caso de que haya dificultades en la escuela, como podría ser en asistencia o comportamiento, estar más dispuestos a apoyar los estándares y requerimientos de le escuela. Como ha sostenido MacBeath (1994), las escuelas con éxito seguramente serán aquellas “que no sólo involucran a los padres, sino que los apoyan y requieren de su participación”. (p.5). el mismo autor prosigue argumentando a favor de un papel más activo de los padres en la autoevaluación y planeación del desarrollo de la escuela. Coleman et al, (1994) llaman particularmente la atención a la interconexión de los dominios afectivo y cognitivo en la triada de relaciones entre maestros, padres y estudiantes. Argumentan que “es la relación entre el maestro y los padres (o uno de ellos) la que es crítica al reclutar al hogar como aliado, o convertirlo en enemigo (o no) de las actividades educativas en el aula.” (p.30)
11. Una organización para el aprendizaje
Las escuelas efectivas son organizaciones para el aprendizaje, con maestros y directivos que continúan aprendiendo, manteniéndose al día en sus asignaturas e incorporando los adelantos en la comprensión de la práctica efectiva. Usamos el término “organización para el aprendizaje” en un segundo sentido: es decir, que el aprendizaje tiene más efecto cuando se lleva a cabo en la escuela misma o para la escuela en su totalidad, y no dirigido específicamente a maestros individuales. La necesidad de que las escuelas se conviertan en “organizaciones para el aprendizaje “es cada vez más importante, dado el ritmo del cambio social y educacional.[68] Southworth (1994) proporciona una reseña de las características de una escuela para el aprendizaje, que enfatiza la necesidad de aprender en cinco niveles interrelacionados (niños, maestros, personal, organizacional y liderazgo).
a) Formación y actualización del personal académico basadas en la escuela.
Casi todos los estudios de investigación que han examinado el efecto del desarrollo del personal académico en la efectividad escolar, señalan la necesidad de que éste se lleva a cabo en la escuela. Por ejemplo, Moritmore et al, (1988ª) encontraron que los cursos de actualización en servicio tenían un efecto positivo en los resultados, sólo cuando se asistía por una buena razón. Stedman (1987) enfatizó la importancia de que la actualización fuera diseñada para las necesidades específicas del personal y que fuera “una parte integral de un ambiente educacional de colaboración”. La investigación de Coleman y LaRocque (1990) en Canadá también señala el efecto positivo que puede proporcionar el apoyo de los cuerpos administrativos a nivel local (consejo Directivo /School Board/ equivalente a las Autoridades Locales de Educación /LEAs, por sus siglas en inglés/).
Levine y Lezotte (1990), así como Fullan(1991), citan numerosos estudios que muestran que presentaciones aisladas de expertos externos pueden ser contraproducentes. Su revisión de escuelas excepcionalmente efectivas llegó a conclusiones similares a las de otras revisiones y estudios. El desarrollo llegó a conclusiones similares a las de otras revisiones y estudios. El desarrollo del personal en las escuelas efectivas se lleva a cabo en el recinto de la escuela a través de un programa de instrucción continuo y progresivo, [69] y está enfocado a proporcionar ayuda para mejorar la enseñanza en el aula. Los estudios también han enfatizado el valor de encuadrar el desarrollo del personal dentro de una planeación colegiada y colaborativa, así como asegurarse de que la ideas sobre las actividades de desarrollo se compartan con regularidad.[70]