
Debido
al verdadero significado de la solidaridad no es de extrañarse que escuchemos
este término con mayor frecuencia cuando nos encontramos en épocas de guerra o
de grandes de sastres naturales. De este modo, gracias a la solidaridad es
posible brindarle una mano a aquellos que resultan menos favorecidos con este
tipo de situaciones.

No
es de extrañarse entonces que la solidaridad se comporte como la base de muchos
otros valores humanos o incluso, de nuestras relaciones sociales más valiosas,
tal como es el caso de la amistad. En este sentido, la solidaridad nos permite
sentirnos unidos a otras personas en una relación que involucra sentimientos
necesarios para mantener el funcionamiento social normal. En términos más
generales, puede incluso permitirle al hombre sentir que pertenece a
determinado lugar, en otras palabras, permite desarrollar sentimientos como los
de pertenencia a cierta nación, manteniendo a los ciudadanos de un mismo lugar
luchar juntos por un mismo motivo o trabajar unidos para lograr una misma meta.
CUENTO
UN ALTO EN EL CAMINO

El primer rico no pudo soportar ver aquello, así que tomó todo el oro y las joyas que llevaba en sus carros, que eran muchas, y los repartió sin quedarse nada entre las gentes del campo. A todos ellos deseó la mejor de las suertes, y partió.
El segundo rico, al ver su desesperada situación, paró con todos sus sirvientes, y quedándose lo justo para llegar a su destino, entregó a aquellos hombres toda su comida y bebida, pues veía que el dinero de poco les serviría. Se aseguró de que cada uno recibiera su parte y tuviera comida para cierto tiempo, y se despidió.
El tercero, al ver aquella pobreza, aceleró y pasó de largo, sin siquiera detenerse. Los otros ricos, mientras iban juntos por el camino, comentaban su poca decencia y su falta de solidaridad. Menos mal que allí habían estado ellos para ayudar a aquellos pobres...
Pero tres días después, se cruzaron con el tercer rico, que viajaba ahora en la dirección opuesta. Seguía caminando rápido, pero sus carros habían cambiado el oro y las mercancías por aperos de labranza, herramientas y sacos de distintas semillas y grano, y se dirigía a ayudar a luchar a la aldea contra la pobreza.
Y eso, que ocurrió hace tanto,
seguimos viéndolo hoy. Hay gente generosa, aunque da sólo para que se vea lo
mucho que dan, y no quieren saber nada de quien lo recibe. Otros, también
generosos, tratan de ayudar realmente a quienes les rodean, pero sólo para
sentirse mejor por haber obrado bien. Y hay otros, los mejores, a quienes no
les importa mucho lo que piense el resto de generosos, ni dan de forma
ostentosa, pero se preocupan de verdad por mejorar la vida de aquellos a
quienes ayudan, y dan mucho de algo que vale mucho más que el dinero: su
tiempo, su ilusión y sus vidas.
¡Aún estamos a tiempo de cambiar al grupo bueno!
¡Aún estamos a tiempo de cambiar al grupo bueno!
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