Convivir con la naturaleza (foto de Jaime Cristóbal López)

jueves, 7 de marzo de 2013

¿Qué es la enfermedad psíquica? lo normal y lo anormal en psiquiatría.





No existe ninguna definición totalmente satisfactoria de enfermedad orgánica. Tradicionalmente se considera enfermedad a cualquier alteración de la estructura o de la función del organismo, con un deterioro de funciones, un descenso de las capacidades o del bienestar. No siempre resulta fácil la distinción, ¿una persona con dolor de cabeza está enferma o sólo sufre una molestia pasajera?, ¿a partir de cuántos centímetros de estatura ya no se es una persona baja sino que se padecen rasgos de enanismo? El criterio de sufrimiento tampoco es infalible; existen enfermedades muy graves que cursan sin dolor. En psiquiatría el problema es aún más complejo, pues existen serias dolencias que producen al paciente una sensación de bienestar y felicidad e incluso un aumento real de sus capacidades normales (por ejemplo, una fase maníaca, en la que están más alegres, más activos y con mejor memoria, etc.), pese a lo cual están enfermos.
La gradación entre «normal y anormal» se desliza por una pendiente continua en la que es muy difícil marcar el límite, tal como sucede, por ejemplo, entre los niveles de inteligencia. Al criterio de «enfermedad» hay que emparejar el de «variantes de la normalidad», por ejemplo, un tímido o un aprensivo. En el momento en que esta variante, por su intensidad, es perturbadora para la vida personal, familiar o social del individuo podemos de nuevo hablar de «enfermedad». El sentido común lleva a aceptar la definición más práctica: enfermedad psíquica es todo lo que provoca una alteración o anomalía del pensamiento, de sus sentimientos, de las emociones, de la conducta de las relaciones interpersonales y de la adaptación social y profesional, sobrevenida patológicamente.
La definición de psíquicamente normal es tan difícil y arbitraria como la de «anormal». Hay tres criterios.
a) Normalidad, como salud: sería «normal» todo el que esté «sano», o sea que no presente síntomas de anormalidad. Con este criterio se delimita, mejor o peor, lo que puede considerarse como «razonablemente normal», pero no aclara cuál es el estado óptimo, la meta ideal.
b) Normalidad, como utopía: a su delimitación tienden especialmente las escuelas de psiquiatría dinámica, pues con su técnica no pretenden sólo la desaparición de los síntomas que preocupan al enfermo, sino una reestructuración de toda la personalidad. La «salud mental» es para ellos una situación ideal que describen como «la combinación armoniosa de las diversas estructuras mentales, que culmina en un funcionamiento óptimo».
c) Normalidad, como proceso: es el criterio de las ciencias sociales y de conducta; más que un análisis de las capacidades o déficit que presenta el sujeto en un momento determinado, valoran la capacidad de adaptación y la madurez de los esquemas de respuesta y de adecuación de la conducta a largo plazo.

La psiquiatría clásica considera auténticas «enfermedades» mentales sólo a las que son consecuencia de malformaciones o enfermedades somáticas. Suelen tener diferencias cualitativas con el psiquismo normal, no sólo un aumento anómalo de algo que todos tienen. Por ejemplo, el pensamiento sonoro, las alucinaciones visuales o las ideas delirantes no existen en la persona normal, quien las tiene presenta diferencias «cualitativas»; estas enfermedades se denominan psicosis. Todas las restantes entidades clínicas psiquiátricas son «variantes del modo de ser psíquico», y comprenden las neurosis, las psicopatías y las disposiciones anormales de la inteligencia.
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